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viernes, 21 de noviembre de 2014

LOS FANTASMAS EXISTEN... EN NUESTRA MENTE

Los escépticos radicales -yo prefiero llamarlos detractores o negativistas- suelen despachar los fenómenos paranormales y ufológicos diciendo que no existen, que son patrañas, invenciones y/o fraudes. Y se quedan tan campantes. Semejante actitud no es nada científica, aunque se piense que sí lo es. La misión de la ciencia no es rechazar los hechos a priori, por muy extraños que parezcan. Su deber es investigarlos sin prejuicios y con ánimo de buscar posibles explicaciones. Por supuesto que hay fraudes, eso es innegable. Pero no todas esas historias sobre hechos anómalos son invenciones deliberadas. La mayoría de quienes experimentan visiones de presuntos fantasmas, extraterrestres o cualquier otro tipo de "entidades" describen con total honestidad sus historias. Doy fe de ello tras haber entrevistado a numerosos testigos que han visto o sentido presencias extrañas a su alrededor. Otra cosa muy distinta es la interpretación que los protagonistas hacen de tales visiones, influidos por sus creencias personales. He leído en el ABC que un equipo de neurocientíficos suizos ha sido capaz de inducir visiones de fantasmas en voluntarios que se prestaron al experimento. Parece ser que dichas visiones serían el resultado de una integración defectuosa de las señales sensoriomotoras. Hay tres zonas corticales implicadas: las cortezas insular, frontoparietal y temporoparietal. Aunque estas pruebas experimentales desmitifiquen las hipótesis espiritistas y parapsicológicas al uso, lo importante -al menos para mí- es que a su vez nos están diciendo que los testigos no mienten, sino que cuentan lo que creen estar viendo. El hecho, pues, existe. Son experiencias psicológicamente reales. Lo cuestionable es la interpretación. Siempre he dicho que el cerebro humano es el epicentro de tales fenómenos y que los enigmas tienen que ser examinados científicamente. Y precisamente eso es lo que ha hecho este equipo de científicos. Quienes no hacen ciencia son los detractores (llamados también "arpíos"), que con su sectario dogmatismo e inquisitorial postura negacionista, son un serio obstáculo para que la ciencia siga avanzando y ampliando el horizonte del conocimiento. 


(Por Moisés)

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