¿Y si todos los casos ovni registrados desde
1947 tuvieran una explicación convencional? La idea incomodará a muchos, sobre
todo a quienes recuerdan que existe un pequeño porcentaje de casos —un 3%— catalogados
como inexplicados. Pero ¿y si permanecen sin resolver porque faltan datos o
porque nunca fueron investigados con el rigor necesario? Esa es, precisamente,
la conclusión a la que llega Vicente-Juan Ballester Olmos (Valencia,
1948), uno de los ufólogos más respetados de todo el panorama internacional.
Su nuevo libro, UAP: Los ovnis del siglo
XXI (Reediciones Anómalas, 2026), es una obra monumental de 729 páginas
dedicada, entre otras cuestiones, al reciente fenómeno UAP y al intenso debate
generado en Estados Unidos. El volumen destaca por la gran documentación presentada
(incluyendo centenares de referencias), un minucioso análisis de casos y un
criterio racional. Es un libro desmitificador. Y debe servir de referencia, ya
que la ufología está llena de inexactitudes, errores imperdonables e
investigaciones muy mal hechas. Hay que reconocer que un trabajo de esta
envergadura, tan crítico, supone una excelente noticia en medio de tanto
sensacionalismo, fraudes y teorías conspirativas. Ballester Olmos demuestra una
vez más su valentía intelectual, su capacidad analítica y su incansable dedicación
al estudio racional de los ovnis. He disfrutado mucho con su lectura. No se priven de un libro así. No es frecuente en los tiempos que corren. Por tanto, no debería faltar en ninguna biblioteca ufológica que se precie.

VICENTE-JUAN BALLESTER OLMOS (1978)
Coincido con Ballester en lo desconcertante que
resulta la falta de uniformidad en los relatos ufológicos. No hay dos casos
ovni iguales. Si de verdad estuviéramos siendo visitados por una civilización
extraterrestre, cabría esperar que los testimonios fueran, si no idénticos, al
menos muy similares. Sin embargo, nos encontramos con ovnis de todas las
formas, tamaños y comportamientos imaginables. Y eso mismo ocurre con la heterogénea
morfología de los ufonautas. Es imposible establecer constantes en un
asunto tan subjetivo.
Los dos primeros capítulos reconstruyen la
evolución del fenómeno UAP en Estados Unidos, desde los primeros programas
oficiales hasta la creación de la AARO. El autor analiza con detalle las
iniciativas del Departamento de Defensa y de la NASA, elogia el enfoque
científico adoptado por la AARO durante la dirección de Sean M. Kirkpatrick y
critica tanto la falta de perspectiva histórica de algunos responsables
políticos como la difusión de planteamientos conspirativos.
V.-J. BALLESTER OLMOS Y AIMÉ MICHEL (Tarbes, Francia, sep. 1973)
Supongo que el libro no agradará a quienes
esperan una inminente revelación sobre naves y cadáveres extraterrestres
ocultos por el gobierno estadounidense. Ballester desmonta esas ideas con una
sólida revisión histórica y documental, recordando que llevan décadas circulando
sin que hayan aparecido pruebas verificables. “La leyenda de los accidentes
de ovnis y de los cadáveres de extraterrestres bajo cuidado de los Estados
Unidos ha sido una narrativa que viene de lejos en la literatura ovni, llena de
innumerables relatos nunca corroborados ni verificados”, afirma.
Uno de los aspectos más interesantes es la
crítica que hace al mito de los llamados ‘testigos de élite’. ¿Acaso un piloto,
por muy experimentado que sea, está libre de sufrir errores perceptivos?
¿Existen realmente testigos infalibles? No, no y no. Ballester lo expresa con
absoluta claridad: “Los pilotos cometen errores más frecuentemente de lo
imaginado cuando se enfrentan a eventos inesperados”. Ningún observador es
infalible y la experiencia demuestra que la percepción humana está llena de
limitaciones. Y ofrece suficientes ejemplos en su libro para avalarlo. Por
cierto, también cuestiona que los ovnis puedan representar un peligro para la
seguridad aérea o nacional. Sostiene que no hay ninguna base para dicha
afirmación. Del mismo modo, aclara que los actuales UAP poco tienen que ver con
los ovnis clásicos y que la mayoría de los casos recientes apuntan a
explicaciones convencionales. Estoy muy de acuerdo.

ANTONIO RIBERA, V.-J. BALLESTER Y JACQUES VALLÉE (St. Feliu de Codines, Barcelona, 29-11-75)
El tercer capítulo lo dedica a la metodología
de investigación. Ballester explica cómo las herramientas actuales permiten
identificar numerosos casos mediante datos astronómicos, aeronáuticos o
satelitales y recuerda la importancia de revisar antiguos expedientes con
criterios modernos. Su conclusión es contundente: “Gran parte del
sostenimiento del mito de los ovnis extraterrestres se apoya en el
desconocimiento, credulidad o impericia del ufólogo de turno”. Ese
diagnóstico obliga a la autocrítica. Durante décadas la ufología aceptó
demasiados testimonios sin el suficiente análisis y convirtió la hipótesis
extraterrestre casi en un punto de partida. Hoy sabemos que un testigo puede
ser sincero y, sin embargo, interpretar erróneamente lo que ha percibido. Lo he
dicho más de una vez: la investigación comienza cuando termina la entrevista,
no cuando se recoge el testimonio. El ufólogo valenciano desmonta asimismo la
falsa oposición entre la investigación de campo y la de gabinete. Ambas son
imprescindibles y solo su combinación permite realizar un trabajo serio y útil.
Un buen ufólogo debe cultivar ambas orientaciones.
Los capítulos 4 y 5 se centran en la
desclasificación ovni en España, un asunto sobre el que tanto se ha escrito —y
debatido— y que sigue despertando un enorme interés. Lo que cuenta con todo
lujo de detalles no tiene desperdicio. Ballester analiza a fondo las
implicaciones militares del fenómeno ovni y ofrece valiosos detalles sobre el
papel que él mismo desempeñó en el proceso de desclasificación. A comienzos
de los años ochenta ya empezó a reclamar al Ministerio de Defensa la liberación de
esos archivos, por lo que fue testigo privilegiado de una historia que conoció
desde dentro. El autor reconstruye cómo se gestó y desarrolló la
desclasificación, desmontando de paso muchas de las falacias difundidas durante
años por la ufología más crédula y conspirativa. Para ello recurre, entre otras
fuentes, a la información obtenida en las reuniones privadas y al abundante
intercambio epistolar que mantuvo con los mandos militares responsables del
proceso. El resultado es una narración que aclara numerosos malentendidos y
aporta contexto a cuestiones que hasta ahora habían permanecido envueltas en la
confusión.
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ALLEN HYNEK Y BALLESTER OLMOS (Londres, 1978)
Como recuerda Ballester, “en enero de 1992
se inicia formalmente el proceso de desclasificación, con un escrito del JEMA
al Mando Operativo Aéreo (MOA), con sede en la base aérea de Torrejón de Ardoz
(Madrid), comunicando la asignación a esa unidad de las gestiones, tramitación,
archivo y proceso de clasificación y desclasificación de expedientes ovni”.
Él mismo reconoce que siguió muy de cerca todo cuanto se iba gestando en el
ámbito militar: “Yo participaba como una especie de influyente apoyo
consultivo (siempre con carácter personal, solo retribuido con la confianza del
MOA)”, confiesa. A lo largo de ambos capítulos, Ballester demuestra con
datos que la desclasificación distó mucho de ser la chapuza que algunos
ufólogos denunciaron en su momento. Pone las manos en el fuego por la limpieza
del proceso. Además, explica la naturaleza de varios incidentes ovni
protagonizados por militares y aporta una visión mucho más precisa de un
episodio clave en la historia de la ufología española, y que tanta controversia
desató en su momento. De todos modos, promete escribir un futuro libro
monográfico sobre el tema, aportando todos los documentos epistolares y otras
informaciones que conserva en su archivo.
Respecto a los encuentros cercanos y las abducciones,
manifiesta que “deben ser abordados desde el punto de vista psicológico”.
Sin embargo, los estudios realizados hasta ahora en ese ámbito no han aportado,
a mi juicio, resultados concluyentes. Unos psicólogos dicen una cosa, y otros,
otra muy distinta. En mi opinión, estas experiencias deberían abordarse más
bien desde una perspectiva neurobiológica. La clave podría residir en
interpretar estas visiones —al igual que otras documentadas a lo largo de la
historia, que también incluyen luces, entidades, raptos y fenómenos similares—
como estados de trance espontáneos y no patológicos, comparables a sueños
lúcidos o a experiencias oníricas de extraordinaria viveza. En ese contexto,
cabe preguntarse si algunos de estos episodios podrían estar relacionados con fenómenos
como la epilepsia del lóbulo temporal, aunque esta hipótesis requeriría, por
supuesto, una sólida fundamentación empírica.
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REUNIÓN DEL CONSEJO DE CONSULTORES DE STENDEK (Villafranca del Castillo, Madrid, mayo 1979)
(Der. a izq.: V.-J. Ballester, Miguel Guasp, Miguel Amirola, David G. López y François Louange)
Por cierto, Ballester muestra una vez más un
rechazo hacia todo lo paranormal y, en consecuencia, critica enfoques como la paraufología,
que, en los años setenta, puso en entredicho los postulados de la ufología
clásica, centrada solo en los aspectos físicos y en la hipótesis extraterrestre.
Creo que Ballester pasa por alto una de las principales aportaciones de esta sugerente
perspectiva: haber desplazado el foco de atención hacia los testigos. Al fin y
al cabo, la mente humana es el verdadero epicentro de las vivencias ufológicas.
Él mismo lo admite: “La ufología debe ser una investigación centrada en el
testigo, no en la información que emana de él”. Precisamente, de enfatizar
la componente psíquica y simbólica de la experiencia ovni iba la paraufología
(en su versión moderada, no en las más fantasiosas), que luego desembocó en una
corriente más escéptica: la hipótesis psicosociológica. Estoy, por
tanto, de acuerdo con la opinión del ufólogo chileno Sergio Sánchez
plasmada en su ensayo Pasaporte a Ovnilandia (Coliseo Sentosa, 2021): “La
paraufología tuvo el mérito de poner en cuestión todo el discurso ufológico
tradicional, especialmente su fisicalismo y mecanicismo. Además, preparó el
camino para el desarrollo de una ufología centrada en los aspectos
psicosociales de la experiencia ovni. Y… yo también le seré sincero: hay
algunos elementos de la paraufología que mantienen su vigencia. Lo diré así: si
la paraufología no tiene razón, por lo menos tiene razones”.
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IGNACIO CABRIA Y BALLESTER OLMOS (Valencia, mayo 1988)
Además, si existen casos de encuentros
cercanos, abducciones y contactismo repletos de elementos que se consideran
paranormales, ¿por qué descartarlos de antemano? Ignorarlos implica renunciar a
una parte del fenómeno tal y como se presenta. Algunas personas afirman protagonizar
tanto experiencias ufológicas como parapsicológicas. Cuando estos casos son
analizados por ufólogos, con frecuencia se dejan de lado los elementos
paranormales y se conserva únicamente aquello que encaja dentro del marco
ufológico. Se argumenta entonces que son "casos ovni contaminados por
elementos parapsicológicos" y, por tanto, poco útiles para la
investigación. A la inversa, cuando los estudian investigadores de la
parapsicología, suelen considerar los aspectos ufológicos como una
contaminación irrelevante y centran su atención solo en los fenómenos
paranormales. A mi juicio, ambas posturas parten de un mismo error
metodológico: seleccionar únicamente los datos que confirman el marco teórico
de partida. Estos casos deberían estudiarse en toda su complejidad, sin excluir
ninguno de sus componentes, por extraños o absurdos que puedan parecernos. Solo
así es posible aproximarse al fenómeno en su totalidad, teniendo en cuenta
tanto sus dimensiones ufológicas como las paranormales. De lo contrario,
corremos el riesgo de manipular los casos, censurando parte de los mismos y adaptándolos
a nuestras ideas preconcebidas en lugar de permitir que sean los propios datos
los que orienten nuestras conclusiones. Por eso, no estoy de acuerdo con mi
querido amigo Vicente-Juan cuando establece una frontera tajante entre las
visiones ufológicas y las visiones estudiadas por la parapsicología. En mi
modesta opinión, eso es un error. Algo de flexibilidad no viene mal. Durante
demasiado tiempo, ambos campos han evolucionado de espaldas el uno al otro. Si
existiera un mayor diálogo entre los estudiosos de ambas disciplinas,
probablemente descubrirían que comparten más elementos de los que suele
admitirse. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso del investigador y folklorista
británico Hilary Evans, que supo muy bien navegar en ambas aguas, aportando
un estudio muy esclarecedor sobre el fenómeno de las entidades en su
libro Visiones, apariciones, visitantes del espacio (1984). La editorial
Reediciones Anómalas lo reeditó con el título El enigma de las entidades
(2021). También Peter M. Rojcewicz ha sabido ver que lo ufológico tiene
conexión con otras manifestaciones misteriosas: “Puesto que los
avistamientos y los raptos tienen tantas similitudes con los encuentros con
demonios, ángeles, duendes, hadas, brujas y otros fenómenos, el investigador
debe familiarizarse con el folklore tradicional. El que estudia el folklore
puede situar a los raptos por ovnis dentro de una tradición de culturas
interconectadas a través de las épocas”. Consideraba, asimismo, que “el
parapsicólogo puede aclarar las condiciones y los procesos por medio de los
cuales se manifiesta la ‘psi’ o ‘psiquismo’ (la actividad psíquica) como parte
de la simbiosis testigo-ovni”.
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VICENTE-JUAN BALLESTER OLMOS Y MOISÉS GARRIDO (Vinarós, Castellón, agosto 1989)
Naturalmente, un extraterrestre y un fantasma
pertenecen a categorías culturales muy distintas. Nadie sostiene que sean la
misma cosa. Pero, en lugar de centrarnos en el contenido de la experiencia —es
decir, en aquello que el testigo afirma haber visto—, deberíamos preguntarnos
qué procesos permiten que una persona perciba e interactúe, con absoluta
convicción, con entidades extrahumanas. Ambas vivencias deberían
contemplarse desde una misma perspectiva: como experiencias visionarias, con
independencia de la forma que adopte aquello que se percibe. ¿Acaso el estudio
de los mecanismos neurobiológicos del sueño depende de si alguien sueña con una
montaña, un familiar fallecido o una nave espacial? Evidentemente no. Del mismo
modo, tampoco deberíamos estudiar la naturaleza del fenómeno visionario en función
de si la experiencia se interpreta como fantasmal, religiosa o ufológica. Esa
clasificación pertenece al ámbito de la interpretación, no al del mecanismo que
hace posible la experiencia.
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ENRIQUE DE VICENTE, JAIME SERVERA Y V.-J. BALLESTER OLMOS (Vinarós, agosto 1989)
Estoy convencido de que algunas líneas de
investigación desarrolladas en el ámbito de lo paranormal pueden aportar
herramientas idóneas para el estudio del fenómeno ovni, y viceversa. Aunque
ambos campos suelen abordarse de manera independiente, existen puntos de
contacto relacionados con la percepción humana, la neurociencia y la influencia
del entorno físico sobre el cerebro. Un ejemplo bastante interesante lo
encontramos en los trabajos del neurocientífico Jason Braithwaite, de la
Universidad de Birmingham, quien investigó durante años los supuestos
avistamientos de fantasmas en el castillo de Muncaster, en Cumbria (Reino
Unido), un lugar con una larga tradición de relatos de apariciones. Las
investigaciones se centraron en la conocida Sala de los Tapices, donde
numerosos visitantes aseguraban haber experimentado presencias, sombras,
figuras humanas o una intensa sensación de que alguien los observaba. Tras quince
años de mediciones y experimentos, Braithwaite y su equipo comprobaron que esa
estancia presentaba anomalías locales en el campo magnético superiores a las de
otras zonas del edificio. Su hipótesis fue que dichas variaciones podrían
interactuar con determinados individuos sensibles, alterando su percepción y
favoreciendo experiencias subjetivas interpretadas como fenómenos paranormales.
No es que los campos magnéticos “crearan fantasmas”, sino que determinadas
condiciones ambientales podrían influir en la actividad cerebral y facilitar la
aparición de sensaciones de presencia, ilusiones visuales o interpretaciones
erróneas de estímulos ambiguos. Esta posibilidad resulta muy sugerente cuando
se traslada al estudio de la casuística ufológica. ¿Podría ocurrir algo
semejante en algunos encuentros cercanos con ovnis o con supuestos humanoides?
¿Es posible que ciertos factores ambientales contribuyan a generar experiencias
extraordinarias sin necesidad de recurrir a explicaciones exclusivamente
externas?

JAIME SERVERA, JUAN A. FERNÁNDEZ PERIS, V.-J. BALLESTER OLMOS Y JAVIER SIERRA
(Valencia, 15-02-90)
En este contexto resulta inevitable mencionar
los trabajos del neurofisiólogo canadiense Michael Persinger, una de las
figuras más conocidas en el estudio de la relación entre los campos
electromagnéticos y las experiencias anómalas. Durante décadas llevó a cabo
diversos experimentos en laboratorio estimulando determinadas regiones del
cerebro, como los lóbulos temporales, mediante campos electromagnéticos de baja
frecuencia. Algunos participantes describieron sensaciones de presencia,
experiencias extracorporales, alteraciones perceptivas e incluso visiones que
recordaban a las narradas tanto por testigos de apariciones fantasmales como
por personas que afirmaban haber mantenido encuentros con ovnis o alienígenas.
Aunque los resultados obtenidos por Persinger
no siempre han podido reproducirse con la misma consistencia por otros
investigadores, hemos de reconocer que sus experimentos abrieron una línea de
investigación muy interesante: la posibilidad de que determinadas
configuraciones de actividad cerebral puedan generar experiencias muy vívidas.
Además, Persinger también desarrolló la denominada teoría de la tensión
tectónica, según la cual las tensiones acumuladas en la corteza terrestre
antes o durante determinados procesos geológicos podrían generar intensos
campos electromagnéticos capaces de producir fenómenos luminosos transitorios,
conocidos popularmente como “luces tectónicas” (el investigador Paul
Devereux también analizó esta cuestión). Hay varios estudios que han
documentado este tipo de luminiscencias en regiones con actividad sísmica o
atravesadas por importantes sistemas de fallas geológicas, aunque el mecanismo
físico exacto que las produce continúa siendo objeto de investigación.
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ALEJANDRO AGOSTINELLI, HILARY EVANS, V.-J. BALLESTER OLMOS, RICHARD HAINES Y JULIO ARCAS
(Santander, octubre 1991)
Lo interesante es que esta hipótesis
establece un posible vínculo entre tres elementos que con frecuencia aparecen
asociados en numerosos informes: la presencia de extrañas luces, la existencia
de anomalías geológicas y las experiencias perceptivas de los testigos. Si un
observador se encontrara muy próximo a una fuente natural de campos
electromagnéticos intensos, cabe plantear —al menos como hipótesis de trabajo—
que dichos campos pudieran influir en su actividad cerebral, favoreciendo
estados alterados de conciencia, distorsiones perceptivas o experiencias
visionarias. En tales circunstancias, un fenómeno luminoso real podría
combinarse con una interpretación subjetiva extraordinaria, dando lugar a
relatos de encuentros con entidades, humanoides o naves de origen desconocido.
BALLESTER OLMOS Y JOAN PLANA (C.E.I. de Barcelona, 1993)
Naturalmente, esta explicación no pretende
resolver toda la casuística ovni ni reducirla a un único mecanismo. Los
informes de observación constituyen un conjunto extremadamente heterogéneo en
el que confluyen fenómenos de naturaleza muy diversa. Ballester recalca muy
bien esto en su libro. Sin embargo, creo que las investigaciones sobre la
influencia de los campos electromagnéticos en la percepción humana ofrecen una
vía de estudio interdisciplinar muy prometedora. La colaboración entre
neurociencia, geofísica, psicología cognitiva, parapsicología y ufología podría
ayudar a comprender mejor por qué determinados lugares parecen concentrar un
número inusualmente elevado de experiencias anómalas y hasta qué punto el
entorno físico puede desempeñar un papel en la génesis de algunos de estos
relatos.
V.-J. BALLESTER OLMOS, CLAUDIA M. MOCTEZUMA Y MOISÉS GARRIDO (Valencia, 23-02-24)
Lo cierto es que cuando desplazamos el foco
desde el objeto percibido hacia el sujeto que percibe, empiezan a emerger
paralelismos difíciles de ignorar. En los relatos de encuentros con ovnis,
apariciones, experiencias místicas, episodios de “rapto”, visiones religiosas o
contactos con entidades se repiten una y otra vez determinados rasgos:
estados alterados de conciencia, intensa sensación de realidad, distorsiones
temporales, inmovilidad corporal, emociones extremas y recuerdos muy vívidos.
Aunque la interpretación que cada testigo hace de lo sucedido depende de su
contexto cultural y de sus creencias, los mecanismos cognitivos y
neurobiológicos que subyacen a estas experiencias podrían ser, al menos en
parte, comunes. Es lo que pienso. Por eso llevo décadas defendiendo que el
verdadero epicentro de estos fenómenos se encuentra en la mente humana. Antes
de preguntarnos qué es la entidad, deberíamos tratar de comprender cómo
el cerebro es capaz de generar experiencias de una intensidad, una coherencia y
una verosimilitud tan extraordinarias. Solo entonces estaremos en condiciones
de abordar con verdadero rigor el enigma que representan.

CARLOS GONZÁLEZ, BALLESTER OLMOS, JAIME SERVERA, J. A. FERNÁNDEZ PERIS, GUSTAVO DOMÉNECH,
CLAUDIA M. MOCTEZUMA Y MOISÉS GARRIDO (Valencia, 23-02-24)
Conviene, además, desterrar un prejuicio muy
extendido: no siempre quienes protagonizan estas experiencias inventan
deliberadamente sus historias. La inmensa mayoría las vive como acontecimientos
muy perturbadores. Buscan ayuda, intentan encontrar una explicación y, sobre
todo, tratan de comprender qué les ha ocurrido. Con frecuencia pagan un precio
muy alto por ello. Y no obtienen beneficios económicos. Más bien al contrario, pues
algunos llegan a perder el trabajo. Son objeto de burlas, descrédito y
estigmatización social. Sus relaciones familiares se resienten, y no son pocos
los que terminan siendo abandonados por sus parejas o alejándose de sus amigos.
MOISÉS GARRIDO, CLAUDIA MOCTEZUMA, JUAN PABLO GONZÁLEZ, JOSÉ JUAN MONTEJO,
BALLESTER OLMOS, J. SERVERA, J. A. FERNÁNDEZ, LOLA VELASCO, G. DOMÉNECH Y JORDI ARDANUY
(Valencia, 24-05-25)
He conocido a personas que aseguran haber
mantenido encuentros con entidades a lo largo de su vida. En algunos
casos las he seguido durante años, reuniéndome muchas veces, lo que me ha
permitido conocer de cerca el sufrimiento que estas experiencias les ocasionan.
Puedo afirmar, sin exagerar, que no es una carga fácil de soportar.
Independientemente de cuál sea el origen último del fenómeno (yo también descarto
una realidad física), el impacto psicológico y emocional que produce en quienes
lo viven es real. Por eso, conviene no despachar estos testimonios con excesiva
ligereza, reduciéndolos sin más a simples fraudes o invenciones. Como ya he manifestado, corresponderá
a los neurobiólogos esclarecer qué mecanismos cerebrales intervienen en la
génesis de estas experiencias visionarias espontáneas que vienen protagonizando
determinados individuos desde los albores de la humanidad.
En el sentido de las agujas del reloj: BALLESTER OLMOS, JAVIER CAVANILLES, LUIS R. GONZÁLEZ, DIEGO ZÚÑIGA,
JUAN A. FERNÁNDEZ, PABLO VERGEL, JOSÉ A. TENZA, JAIME SERVERA Y JUAN P. GONZÁLEZ (Valencia, 29-12-25)
He de confesar que, aunque comparto la mirada
escéptica de Ballester, el fenómeno ovni sigue invitándome, de algún modo, a
explorar los límites del conocimiento, de la percepción y de la propia noción
de realidad. También suscita en mí algunas preguntas de naturaleza filosófica:
¿Participa la conciencia individual de una realidad más amplia que aún no
comprendemos o, por el contrario, proyecta sobre el mundo sus propios símbolos?
¿Existen niveles de realidad que escapan a nuestras categorías habituales? Ya advertía
el ufólogo Dennis Stillings que “las especulaciones sobre el fenómeno
ovni nos recuerdan a las disquisiciones tradicionales sobre la naturaleza de la
realidad en sí misma y su relación con el hombre”. Y es que, en el fondo,
ignoramos si lo real se agota en lo que podemos verificar a nivel físico.
TRES MONOGRAFÍAS DE BALLESTER OLMOS
Dicho lo cual, y a modo de conclusión,
considero que nos encontramos ante un ensayo excepcional, de lectura obligada
para cualquiera que se acerque con verdadero interés al fenómeno ovni. Tengo
claro que la mayor aportación de este libro es recordarnos que la
búsqueda de la verdad exige someter todas nuestras convicciones al escrutinio
de las pruebas. “Desde siempre he cultivado el espíritu crítico”,
confiesa el autor. Esa ha sido, sin duda alguna, la gran lección que nos ha
legado este veterano ufólogo, a quien felicitamos por esta magna obra.
Finalmente, deseo expresar mi más sincero
agradecimiento a Vicente-Juan por las generosas palabras que dedica en
su libro a Claudia y a mí, en reconocimiento a nuestra labor al frente
del Proyecto Paradig+ XXI. Para ambos supone un verdadero honor recibir
ese respaldo. Quisiera felicitar también a su editor, Pablo Vergel, por
la valentía de apostar por la publicación de una obra tan voluminosa dedicada a la ufología racional pura y dura, un
género que, conviene reconocer, dista mucho de ser comercial.
(Por Moisés)