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lunes, 15 de mayo de 2017

EN MIS RATOS LIBROS (XVII): "CARL SAGAN. UNA VIDA EN EL COSMOS" (William Poundstone)

Hay libros que me dejan una profunda huella. Libros que considero "faros" o "guías". Libros que consulto y releo a menudo porque me enriquecen como persona, ya que me aportan profundos conocimientos y valiosas reflexiones que suelo aplicar en mi particular búsqueda de la verdad. Esa sed de conocimiento que poseo desde chaval se ha visto saciada por grandes obras científicas. Mi autor científico favorito es, sin duda, Carl Sagan (1934-1996). Me encantó leer en su día Vida inteligente en el universo (1966), La conexión cósmica (1973), Comunicación con inteligencias extraterrestres (1973), Los dragones del Edén (1977), El cerebro de Broca (1979), Cosmos (1980), El mundo y sus demonios (1995), etc.

El neurólogo Irving Bierdeman asegura que cuando sacias la sed de conocimiento, el efecto de esa recompensa cerebral es muy parecido al que puede experimentarse con una dosis de opiáceos naturales. Comprendo entonces el placer que produce leer un buen libro y la adicción permanente que tenemos los empedernidos lectores. Necesitamos ese "chute" constante para sentirnos bien. Una de las obras que me ha producido esa placentera sensación no está escrita por Sagan, pero trata de Sagan. Es la extraordinaria biografía Carl Sagan. Una vida en el cosmos, de William Poundstone, obra que se publicó en 1999, aunque en España ha visto la luz en 2015 gracias a Ediciones Akal. La edición es magnífica, impecable. Y su narrativa es ágil, desenfadada, pero exhaustiva a la vez. Cuando comencé a sumergirme en su lectura, enseguida supe que estaba ante otro libro que me dejaría una huella imborrable. Y acerté. Más que leer, lo he estudiado, lo he degustado con detenimiento, lo he subrayado de arriba abajo, he tomado infinidad de notas y me ha conducido a consultar otros trabajos de Sagan desconocidos para mí. El autor se ha esmerado hasta la saciedad a la hora de ofrecernos todos los datos biográficos posibles de un hombre enamorado del universo, obsesionado con la idea de la pluralidad de mundos habitados, entregado a la ciencia y a la búsqueda de la verdad, hostil contra el fraude y las falacias (científicas y pseudocientíficas), y perplejo ante la cantidad de misterios que aún no hemos sido capaces de desentrañar.

Sagan, el científico que nos cautivó a los jóvenes de mi generación con su insuperable serie Cosmos (se emitió en sesenta países a principios de los años 80), solía mirar al cielo siendo adolescente. Lo hacía a menudo con la esperanza de ver uno de esos 'platillos volantes' a los que se refería la prensa de la época. Se preguntaba si podía existir vida en otros mundos y si seres inteligentes habían llegado a la Tierra. "Sagan creía sinceramente en los ovnis... no como un fuego fatuo, no como una histeria de masas, sino como naves espaciales que visitaban la Tierra", señala Poundstone. Pensó incluso que algunos personajes bíblicos, entre ellos Jesús, pudieran haber sido realmente extraterrestres. Aquella incipiente pasión por el fenómeno OVNI —hasta el punto de no comprender por qué la mayoría de gente no se tomaba el tema en serio— influyó notablemente en su devenir como astrónomo y, sobre todo, como exobiólogo. "Desde temprana edad, Carl se entregó a la fabulosa misión de buscar vida en otros mundos (...) El acicate en la vida y la carrera de Sagan fue la vida extraterrestre. Se reservó como terreno propio la exobiología, el estudio hipotético de la vida extraterrestre. El tema se encuentra en el primer plano o en el trasfondo de la mayoría de los 300 artículos científicos de Sagan".

Como a tantos otros niños, a Sagan le atraían los tebeos, la magia, los dinosaurios, las estrellas... Sobre todo, "las novelas de ciencia ficción de Edgar Rice Burroughs ambientadas en Marte". Pero a diferencia de muchos niños, Sagan era un superdotado. Tenía una gran inteligencia y capacidad para el estudio. Progresaba de una forma increíble para su edad. De hecho, le permitieron saltarse varios cursos. Lo primero que hizo cuando ahorró algo de dinero fue comprarse un telescopio. En la época del instituto, aprendió más por su cuenta que con los mediocres profesores de ciencias que tuvo. Se aburría en clase. En casa, sin embargo, leía con profusión libros sobre el universo y los viajes a otros mundos. Una obra que le impactó fue Interplanetary Flight ("Vuelos Interplanetarios"), de Arthur C. Clarke. También descubrió otro fascinante mundo: el sexo femenino. Y comenzaron sus primeros enamoramientos, con los correspondientes arrebatos de felicidad y quebraderos de cabeza que el amor conlleva.

La célebre paradoja de Fermi"Si nos visitan, ¿dónde están todos?"— fue convenciendo al joven Sagan de la escasez de pruebas para aceptar la procedencia extraterrestre de los OVNIs. Aun así, su pasión por la búsqueda de vida extraterrestre desde un ámbito exclusivamente científico fue in crescendo. Ese optimismo se vio apoyado por el experimento Miller-Urey, cuyos resultados validaban que la vida pudiese surgir en cualquier parte del universo. "Esto ejerció un poderoso hechizo sobre Sagan. El experimento Miller-Urey se convertiría en la fuente del nuevo campo de la exobiología", escribe Poundstone. Sagan defendió brillantemente su tesis sobre los orígenes de la vida, obteniendo en 1955 su licenciatura cum laude en ciencias. Al año siguiente, logró su doctorado. Comenzó a trabajar en astronomía con Gerard Kuiper, en el Observatorio McDonald (Fort David, Texas). Durante el verano de 1956, Sagan fijó su atención en Marte, aprovechando que estaba en oposición (a solo 55 millones de km de la Tierra). Compaginaba su vocación por la astronomía con una tumultuosa relación sentimental con Lynn Alexander. A pesar de las constantes peleas, él la consideraba su chica ideal, ya que poseía intereses intelectuales y científicos. Lynn estudió biología y se especializó en genética. Se casaron el 16 de junio de 1957 (el matrimonio duró tan solo siete años; hoy ella es conocida como la prestigiosa bióloga Lynn Margulis). Carl prosiguió ese verano con sus estudios de química y física. En Madison, Sagan conoció a un científico que influyó bastante en su vida: Joshua Lederberg. Ambos cultivaron una gran amistad, retroalimentada por el interés hacia la vida extraterrestre. Este reputado microbiólogo y genetista —fue quien acuñó el término exobiología— abrió las puertas de la NASA a Sagan, que trabajó como científico experimental en la sonda Mariner. Su carrera despegaba a pasos agigantados, merced a los excelentes e inéditos trabajos que iba publicando. En 1960, logró su doctorado en astronomía y astrofísica por la Universidad de Chicago. Venus y Júpiter se convirtieron en sus nuevos objetos de estudio. Sagan quería saber si se producen moléculas orgánicas en sus atmósferas. Pero había algo más que le preocupaba: el dióxido de carbono generado por la combustión de carburantes. ¡Comenzó a hablar del efecto invernadero y del calentamiento global a principios de los años sesenta!

Conocer en persona al astrónomo Frank Drake, pionero en la búsqueda de vida extraterrestre, supuso para Sagan una enorme alegría. La célebre reunión de Green Bank, en 1961, convocó a los principales científicos preocupados por la cuestión. Sagan tenía 26 años y un prometedor futuro por delante. Enseguida, se ganó el respeto y la admiración de los eminentes científicos allí congregados. En aquel histórico evento privado, se dio a conocer la influyente "ecuación de Drake". Todos aplaudieron a su artífice. El número de inteligencias extraterrestres que pudieran existir en nuestra galaxia depende, según dicha ecuación, de siete factores. ¿Y si las civilizaciones alienígenas se destruyen a sí mismas cuando alcanzan un estadio tecnológico? ¿Cuántas de esas civilizaciones tendrían interés por comunicarse con otras? ¿Y si recibimos un mensaje y somos incapaces de descifrarlo? Las brillantes mentes de Green Bank debatieron intensamente sobre tales cuestiones, sin llegar a un consenso...

En 1962, la Universidad de Harvard le ofrece un puesto como profesor asistente de astronomía. A su vez, trabaja en el Observatorio de Astrofísica Smithsoniano de Cambridge. Y hace su primera aparición en la CBS para hablar de exploración espacial. Su popularidad crece. Tiene carisma y don de palabra. Sabe contagiar su pasión por el conocimiento científico y por las maravillas del espacio.

Se cruzó por su vida la bella Linda Salzman. Se enamoraron y formalizaron la relación. Mientras, la Mariner 4 llegaba al planeta rojo. No detectó el menor signo de vida. Se notó el pesar de Sagan. Los OVNIs reclamaban de nuevo su atención. A mediados de los 60, Edward Condon, físico de la Universidad de Colorado, fue propuesto para llevar a cabo una investigación científica del Proyecto Libro Azul de la USAF. Sagan había trabajado con él tiempo atrás. Condon decidió contar con su colaboración para tal fin. "Sagan aceptó y se convirtió en el más joven de los seis científicos, ingenieros y psicólogos que compusieron el Comité Ad Hoc para la Revisión del Proyecto Libro Azul de Condon", afirma el biógrafo.

La droga también pasó por la vida de Sagan. A través de la marihuana, protagonizó algunas experiencias alucinatorias sumamente enriquecedoras. Incluso su creatividad, capacidad de trabajo y deseo sexual aumentaron con el consumo del cannabis. Todo ello lo describe detalladamente Poundstone en su obra biográfica. "Algunos colocones tienen un aspecto religioso (...) A veces me asalta una especie de percepción existencial del absurdo", declaró Sagan en una entrevista.

Poundstone nos sigue conduciendo a lo largo de las más de 500 páginas por la trayectoria vital de un hombre que siempre tenía ideas brillantes, proyectos de envergadura y cosas interesantes que contar en sus conferencias, entrevistas, artículos y obras divulgativas. El autor no pasa por alto los problemas de Sagan con la Universidad de Harvard, hasta el punto de marcharse. Y su feliz destino en la Universidad de Cornell, donde sí le concedieron la titularidad. Desde su nuevo laboratorio, se impulsaron relevantes proyectos de exploración espacial y de allí salieron futuros científicos que se dedicaron en cuerpo y alma a la exobiología. Sagan proponía a sus alumnos no identificarse emocionalmente con sus propias teorías, para que no se derrumbaran en caso de que finalmente se descubrieran que dichas teorías eran erróneas. "Esto es un suicidio científico. La teoría y la persona no son lo mismo", aconsejó.

Sagan siguió preocupado por el tema OVNI aunque desde el lado escéptico. Veía con asombro cómo un astrónomo de la talla de Donald Menzel negaba el asunto radicalmente, mientras que un prestigioso químico como Harold Urey defendía su realidad, reconociendo haber visto OVNIs en varias ocasiones. Esta paradoja entre sus colegas, más su participación en el Informe Condon, le motivó a la hora de proponer un debate científico sobre los OVNIs a la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS). Ante el estupor de los científicos más recelosos, la propuesta fue aceptada y el evento tuvo lugar en diciembre de 1969. Uno de los científicos invitados al simposio fue James E. McDonald, físico atmosférico de la Universidad de Arizona y defensor a ultranza de las visitas extraterrestres. No faltó tampoco el doctor J. Allen Hynek, precursor del estudio científico de los OVNIs. Fue, sin duda, una reunión memorable. Las actas del simposio se publicaron en 1972 bajo el título UFO's. A Scientific Debate. Sagan ya no volvió a soñar más con "hombrecillos verdes". Prefirió poner sus miras en las sondas Pioneer 10 y Pioneer 11 que la NASA estaba preparando para un viaje hacia los confines del Sistema Solar y más allá. Las naves llevarían un mensaje por si acaso eran interceptadas por criaturas alienígenas durante su rumbo a otros mundos. La ya esposa de Sagan, Linda, se encargó de dibujar a la pareja desnuda que tanta polémica desató entre los más puritanos y religiosos, que llegaron a sugerir que la imagen era pornográfica (?). También muchas feministas se escandalizaron, ya que el hombre aparecía saludando, mientras que la mujer estaba en una actitud pasiva.

No voy a alargarme más. Insisto en que la biografía de Sagan elaborada por el ensayista y escéptico americano William Poundstone es una auténtica gozada. No dejen de leerla. Así sabrán del entusiasmo de Sagan cuando a través de SETI se recibían ciertas señales aparentemente inteligentes. Y de su frustración al descubrir que no provenían de civilizaciones extraterrestres. Y de sus extraños sueños vinculados con Marte en los que se veía paseando por el planeta. Y de tantas cosas que compartió con su última pareja, Ann Druyan, el gran amor de su vida. Y de su lucha antibelicista y en pro de los derechos humanos. Y de todo el esfuerzo que le supuso preparar la fantástica serie Cosmos. Y de cómo se convirtió en el científico más famoso de su tiempo. Y de la envidia que otros científicos le tenían por ser frecuentemente requerido por los medios y vender tantos libros. Y de lo que sufrió con su terrible enfermedad que le llevó a la tumba en 1996. Y de su legado en el Instituto de Astrobiología de la NASA. ¿De veras se lo piensan perder?

LA FABULOSA BIOGRAFÍA DE CARL SAGAN

ANN DRUYAN Y CARL SAGAN

ALGUNAS OBRAS DE CARL SAGAN
 (Por Moisés)

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