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jueves, 9 de julio de 2026

UAP: LOS OVNIS DEL SIGLO XXI, de Vicente-Juan Ballester Olmos (Reediciones Anómalas, 2026)

¿Y si todos los casos ovni registrados desde 1947 tuvieran una explicación convencional? La idea incomodará a muchos, sobre todo a quienes recuerdan que existe un pequeño porcentaje de casos —un 3%— catalogados como inexplicados. Pero ¿y si permanecen sin resolver porque faltan datos o porque nunca fueron investigados con el rigor necesario? Esa es, precisamente, la conclusión a la que llega Vicente-Juan Ballester Olmos (Valencia, 1948), uno de los ufólogos más respetados de todo el panorama internacional.

Su nuevo libro, UAP: Los ovnis del siglo XXI (Reediciones Anómalas, 2026), es una obra monumental de 729 páginas dedicada, entre otras cuestiones, al reciente fenómeno UAP y al intenso debate generado en Estados Unidos. El volumen destaca por la gran documentación presentada (incluyendo centenares de referencias), un minucioso análisis de casos y un criterio racional. Es un libro desmitificador. Y debe servir de referencia, ya que la ufología está llena de inexactitudes, errores imperdonables e investigaciones muy mal hechas. Hay que reconocer que un trabajo de esta envergadura, tan crítico, supone una excelente noticia en medio de tanto sensacionalismo, fraudes y teorías conspirativas. Ballester Olmos demuestra una vez más su valentía intelectual, su capacidad analítica y su incansable dedicación al estudio racional de los ovnis. He disfrutado mucho con su lectura. No se priven de un libro así. No es frecuente en los tiempos que corren. Por tanto, no debería faltar en ninguna biblioteca ufológica que se precie.     

VICENTE-JUAN BALLESTER OLMOS (1978)

Coincido con Ballester en lo desconcertante que resulta la falta de uniformidad en los relatos ufológicos. No hay dos casos ovni iguales. Si de verdad estuviéramos siendo visitados por una civilización extraterrestre, cabría esperar que los testimonios fueran, si no idénticos, al menos muy similares. Sin embargo, nos encontramos con ovnis de todas las formas, tamaños y comportamientos imaginables. Y eso mismo ocurre con la heterogénea morfología de los ufonautas. Es imposible establecer constantes en un asunto tan subjetivo. 

Los dos primeros capítulos reconstruyen la evolución del fenómeno UAP en Estados Unidos, desde los primeros programas oficiales hasta la creación de la AARO. El autor analiza con detalle las iniciativas del Departamento de Defensa y de la NASA, elogia el enfoque científico adoptado por la AARO durante la dirección de Sean M. Kirkpatrick y critica tanto la falta de perspectiva histórica de algunos responsables políticos como la difusión de planteamientos conspirativos. 

V.-J. BALLESTER OLMOS Y AIMÉ MICHEL (Tarbes, Francia, sep. 1973) 

Supongo que el libro no agradará a quienes esperan una inminente revelación sobre naves y cadáveres extraterrestres ocultos por el gobierno estadounidense. Ballester desmonta esas ideas con una sólida revisión histórica y documental, recordando que llevan décadas circulando sin que hayan aparecido pruebas verificables. “La leyenda de los accidentes de ovnis y de los cadáveres de extraterrestres bajo cuidado de los Estados Unidos ha sido una narrativa que viene de lejos en la literatura ovni, llena de innumerables relatos nunca corroborados ni verificados”, afirma. 

Uno de los aspectos más interesantes es la crítica que hace al mito de los llamados ‘testigos de élite’. ¿Acaso un piloto, por muy experimentado que sea, está libre de sufrir errores perceptivos? ¿Existen realmente testigos infalibles? No, no y no. Ballester lo expresa con absoluta claridad: “Los pilotos cometen errores más frecuentemente de lo imaginado cuando se enfrentan a eventos inesperados”. Ningún observador es infalible y la experiencia demuestra que la percepción humana está llena de limitaciones. Y ofrece suficientes ejemplos en su libro para avalarlo. Por cierto, también cuestiona que los ovnis puedan representar un peligro para la seguridad aérea o nacional. Sostiene que no hay ninguna base para dicha afirmación. Del mismo modo, aclara que los actuales UAP poco tienen que ver con los ovnis clásicos y que la mayoría de los casos recientes apuntan a explicaciones convencionales. Estoy muy de acuerdo. 

ANTONIO RIBERA, V.-J. BALLESTER Y JACQUES VALLÉE (St. Feliu de Codines, Barcelona, 29-11-75) 

El tercer capítulo lo dedica a la metodología de investigación. Ballester explica cómo las herramientas actuales permiten identificar numerosos casos mediante datos astronómicos, aeronáuticos o satelitales y recuerda la importancia de revisar antiguos expedientes con criterios modernos. Su conclusión es contundente: “Gran parte del sostenimiento del mito de los ovnis extraterrestres se apoya en el desconocimiento, credulidad o impericia del ufólogo de turno”. Ese diagnóstico obliga a la autocrítica. Durante décadas la ufología aceptó demasiados testimonios sin el suficiente análisis y convirtió la hipótesis extraterrestre casi en un punto de partida. Hoy sabemos que un testigo puede ser sincero y, sin embargo, interpretar erróneamente lo que ha percibido. Lo he dicho más de una vez: la investigación comienza cuando termina la entrevista, no cuando se recoge el testimonio. El ufólogo valenciano desmonta asimismo la falsa oposición entre la investigación de campo y la de gabinete. Ambas son imprescindibles y solo su combinación permite realizar un trabajo serio y útil. Un buen ufólogo debe cultivar ambas orientaciones. 

Los capítulos 4 y 5 se centran en la desclasificación ovni en España, un asunto sobre el que tanto se ha escrito —y debatido— y que sigue despertando un enorme interés. Lo que cuenta con todo lujo de detalles no tiene desperdicio. Ballester analiza a fondo las implicaciones militares del fenómeno ovni y ofrece valiosos detalles sobre el papel que él mismo desempeñó en el proceso de desclasificación. Ya a comienzos de los años ochenta empezó a reclamar al Ministerio de Defensa la liberación de esos archivos, por lo que fue testigo privilegiado de una historia que conoció desde dentro. El autor reconstruye cómo se gestó y desarrolló la desclasificación, desmontando de paso muchas de las falacias difundidas durante años por la ufología más crédula y conspirativa. Para ello recurre, entre otras fuentes, a la información obtenida en las reuniones privadas y al abundante intercambio epistolar que mantuvo con los mandos militares responsables del proceso. El resultado es una narración que aclara numerosos malentendidos y aporta contexto a cuestiones que hasta ahora habían permanecido envueltas en la confusión. 

ALLEN HYNEK Y BALLESTER OLMOS (Londres, 1978)

Como recuerda Ballester, “en enero de 1992 se inicia formalmente el proceso de desclasificación, con un escrito del JEMA al Mando Operativo Aéreo (MOA), con sede en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), comunicando la asignación a esa unidad de las gestiones, tramitación, archivo y proceso de clasificación y desclasificación de expedientes ovni”. Él mismo reconoce que siguió muy de cerca todo cuanto se iba gestando en el ámbito militar: “Yo participaba como una especie de influyente apoyo consultivo (siempre con carácter personal, solo retribuido con la confianza del MOA)”, confiesa. A lo largo de ambos capítulos, Ballester demuestra con datos que la desclasificación distó mucho de ser la chapuza que algunos ufólogos denunciaron en su momento. Pone las manos en el fuego por la limpieza del proceso. Además, explica la naturaleza de varios incidentes ovni protagonizados por militares y aporta una visión mucho más precisa de un episodio clave en la historia de la ufología española, y que tanta controversia desató en su momento. De todos modos, promete escribir un futuro libro monográfico sobre el tema, aportando todos los documentos epistolares y otras informaciones que conserva en su archivo. 

Respecto a los encuentros cercanos y las abducciones, manifiesta que “deben ser abordados desde el punto de vista psicológico”. Sin embargo, los estudios realizados hasta ahora en ese ámbito no han aportado, a mi juicio, resultados concluyentes. Unos psicólogos dicen una cosa, y otros, otra muy distinta. En mi opinión, estas experiencias deberían abordarse más bien desde una perspectiva neurobiológica. La clave podría residir en interpretar estas visiones —al igual que otras documentadas a lo largo de la historia, que también incluyen luces, entidades, raptos y fenómenos similares— como estados de trance espontáneos y no patológicos, comparables a sueños lúcidos o a experiencias oníricas de extraordinaria viveza. En ese contexto, cabe preguntarse si algunos de estos episodios podrían estar relacionados con fenómenos como la epilepsia del lóbulo temporal, aunque esta hipótesis requeriría, por supuesto, una sólida fundamentación empírica. 

REUNIÓN DEL CONSEJO DE CONSULTORES DE STENDEK (Villafranca del Castillo, Madrid, mayo 1979)
(Der. a izq.: V.-J. Ballester, Miguel Guasp, Miguel Amirola, David G. López y François Louange) 

Por cierto, Ballester muestra una vez más un rechazo hacia todo lo paranormal y, en consecuencia, critica enfoques como la paraufología, que, en los años setenta, puso en entredicho los postulados de la ufología clásica, centrada solo en los aspectos físicos y en la hipótesis extraterrestre. Creo que Ballester pasa por alto una de las principales aportaciones de esta sugerente perspectiva: haber desplazado el foco de atención hacia los testigos. Al fin y al cabo, la mente humana es el verdadero epicentro de las vivencias ufológicas. Él mismo lo admite: “La ufología debe ser una investigación centrada en el testigo, no en la información que emana de él”. Precisamente, de enfatizar la componente psíquica y simbólica de la experiencia ovni iba la paraufología (en su versión moderada, no en las más fantasiosas), que luego desembocó en una corriente más escéptica: la hipótesis psicosociológica. Estoy, por tanto, de acuerdo con la opinión del ufólogo chileno Sergio Sánchez plasmada en su ensayo Pasaporte a Ovnilandia (Coliseo Sentosa, 2021): “La paraufología tuvo el mérito de poner en cuestión todo el discurso ufológico tradicional, especialmente su fisicalismo y mecanicismo. Además, preparó el camino para el desarrollo de una ufología centrada en los aspectos psicosociales de la experiencia ovni. Y… yo también le seré sincero: hay algunos elementos de la paraufología que mantienen su vigencia. Lo diré así: si la paraufología no tiene razón, por lo menos tiene razones”.

IGNACIO CABRIA Y BALLESTER OLMOS (Valencia, mayo 1988)

Además, si existen casos de encuentros cercanos, abducciones y contactismo repletos de elementos que se consideran paranormales, ¿por qué descartarlos de antemano? Ignorarlos implica renunciar a una parte del fenómeno tal y como se presenta. Algunas personas afirman protagonizar tanto experiencias ufológicas como parapsicológicas. Cuando estos casos son analizados por ufólogos, con frecuencia se dejan de lado los elementos paranormales y se conserva únicamente aquello que encaja dentro del marco ufológico. Se argumenta entonces que son "casos ovni contaminados por elementos parapsicológicos" y, por tanto, poco útiles para la investigación. A la inversa, cuando los estudian investigadores de la parapsicología, suelen considerar los aspectos ufológicos como una contaminación irrelevante y centran su atención solo en los fenómenos paranormales. A mi juicio, ambas posturas parten de un mismo error metodológico: seleccionar únicamente los datos que confirman el marco teórico de partida. Estos casos deberían estudiarse en toda su complejidad, sin excluir ninguno de sus componentes, por extraños o absurdos que puedan parecernos. Solo así es posible aproximarse al fenómeno en su totalidad, teniendo en cuenta tanto sus dimensiones ufológicas como las paranormales. De lo contrario, corremos el riesgo de manipular los casos, censurando parte de los mismos y adaptándolos a nuestras ideas preconcebidas en lugar de permitir que sean los propios datos los que orienten nuestras conclusiones. Por eso, no estoy de acuerdo con mi querido amigo Vicente-Juan cuando establece una frontera tajante entre las visiones ufológicas y las visiones estudiadas por la parapsicología. En mi modesta opinión, eso es un error. Algo de flexibilidad no viene mal. Durante demasiado tiempo, ambos campos han evolucionado de espaldas el uno al otro. Si existiera un mayor diálogo entre los estudiosos de ambas disciplinas, probablemente descubrirían que comparten más elementos de los que suele admitirse. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso del investigador y folklorista británico Hilary Evans, que supo muy bien navegar en ambas aguas, aportando un estudio muy esclarecedor sobre el fenómeno de las entidades en su libro Visiones, apariciones, visitantes del espacio (1984). La editorial Reediciones Anómalas lo reeditó con el título El enigma de las entidades (2021). También Peter M. Rojcewicz ha sabido ver que lo ufológico tiene conexión con otras manifestaciones misteriosas: “Puesto que los avistamientos y los raptos tienen tantas similitudes con los encuentros con demonios, ángeles, duendes, hadas, brujas y otros fenómenos, el investigador debe familiarizarse con el folklore tradicional. El que estudia el folklore puede situar a los raptos por ovnis dentro de una tradición de culturas interconectadas a través de las épocas”. Consideraba, asimismo, que “el parapsicólogo puede aclarar las condiciones y los procesos por medio de los cuales se manifiesta la ‘psi’ o ‘psiquismo’ (la actividad psíquica) como parte de la simbiosis testigo-ovni”.

VICENTE-JUAN BALLESTER OLMOS Y MOISÉS GARRIDO (Vinarós, Castellón, agosto 1989) 

Naturalmente, un extraterrestre y un fantasma pertenecen a categorías culturales muy distintas. Nadie sostiene que sean la misma cosa. Pero, en lugar de centrarnos en el contenido de la experiencia —es decir, en aquello que el testigo afirma haber visto—, deberíamos preguntarnos qué procesos permiten que una persona perciba e interactúe, con absoluta convicción, con entidades extrahumanas. Ambas vivencias deberían contemplarse desde una misma perspectiva: como experiencias visionarias, con independencia de la forma que adopte aquello que se percibe. ¿Acaso el estudio de los mecanismos neurobiológicos del sueño depende de si alguien sueña con una montaña, un familiar fallecido o una nave espacial? Evidentemente no. Del mismo modo, tampoco deberíamos estudiar la naturaleza del fenómeno visionario en función de si la experiencia se interpreta como fantasmal, religiosa o ufológica. Esa clasificación pertenece al ámbito de la interpretación, no al del mecanismo que hace posible la experiencia.

ENRIQUE DE VICENTE, JAIME SERVERA Y V.-J. BALLESTER OLMOS (Vinarós, agosto 1989) 

Estoy convencido de que algunas líneas de investigación desarrolladas en el ámbito de lo paranormal pueden aportar herramientas idóneas para el estudio del fenómeno ovni, y viceversa. Aunque ambos campos suelen abordarse de manera independiente, existen puntos de contacto relacionados con la percepción humana, la neurociencia y la influencia del entorno físico sobre el cerebro. Un ejemplo bastante interesante lo encontramos en los trabajos del neurocientífico Jason Braithwaite, de la Universidad de Birmingham, quien investigó durante años los supuestos avistamientos de fantasmas en el castillo de Muncaster, en Cumbria (Reino Unido), un lugar con una larga tradición de relatos de apariciones. Las investigaciones se centraron en la conocida Sala de los Tapices, donde numerosos visitantes aseguraban haber experimentado presencias, sombras, figuras humanas o una intensa sensación de que alguien los observaba. Tras quince años de mediciones y experimentos, Braithwaite y su equipo comprobaron que esa estancia presentaba anomalías locales en el campo magnético superiores a las de otras zonas del edificio. Su hipótesis fue que dichas variaciones podrían interactuar con determinados individuos sensibles, alterando su percepción y favoreciendo experiencias subjetivas interpretadas como fenómenos paranormales. No es que los campos magnéticos “crearan fantasmas”, sino que determinadas condiciones ambientales podrían influir en la actividad cerebral y facilitar la aparición de sensaciones de presencia, ilusiones visuales o interpretaciones erróneas de estímulos ambiguos. Esta posibilidad resulta muy sugerente cuando se traslada al estudio de la casuística ufológica. ¿Podría ocurrir algo semejante en algunos encuentros cercanos con ovnis o con supuestos humanoides? ¿Es posible que ciertos factores ambientales contribuyan a generar experiencias extraordinarias sin necesidad de recurrir a explicaciones exclusivamente externas?

JAIME SERVERA, JUAN A. FERNÁNDEZ PERIS, V.-J. BALLESTER OLMOS Y JAVIER SIERRA
(Valencia, 15-02-90)

En este contexto resulta inevitable mencionar los trabajos del neurofisiólogo canadiense Michael Persinger, una de las figuras más conocidas en el estudio de la relación entre los campos electromagnéticos y las experiencias anómalas. Durante décadas llevó a cabo diversos experimentos en laboratorio estimulando determinadas regiones del cerebro, como los lóbulos temporales, mediante campos electromagnéticos de baja frecuencia. Algunos participantes describieron sensaciones de presencia, experiencias extracorporales, alteraciones perceptivas e incluso visiones que recordaban a las narradas tanto por testigos de apariciones fantasmales como por personas que afirmaban haber mantenido encuentros con ovnis o alienígenas.

Aunque los resultados obtenidos por Persinger no siempre han podido reproducirse con la misma consistencia por otros investigadores, hemos de reconocer que sus experimentos abrieron una línea de investigación muy interesante: la posibilidad de que determinadas configuraciones de actividad cerebral puedan generar experiencias muy vívidas. Además, Persinger también desarrolló la denominada teoría de la tensión tectónica, según la cual las tensiones acumuladas en la corteza terrestre antes o durante determinados procesos geológicos podrían generar intensos campos electromagnéticos capaces de producir fenómenos luminosos transitorios, conocidos popularmente como “luces tectónicas” (el investigador Paul Devereux también analizó esta cuestión). Hay varios estudios que han documentado este tipo de luminiscencias en regiones con actividad sísmica o atravesadas por importantes sistemas de fallas geológicas, aunque el mecanismo físico exacto que las produce continúa siendo objeto de investigación.

ALEJANDRO AGOSTINELLI, HILARY EVANS, V.-J. BALLESTER OLMOS, RICHARD HAINES Y JULIO ARCAS
(Santander, octubre 1991)

Lo interesante es que esta hipótesis establece un posible vínculo entre tres elementos que con frecuencia aparecen asociados en numerosos informes: la presencia de extrañas luces, la existencia de anomalías geológicas y las experiencias perceptivas de los testigos. Si un observador se encontrara muy próximo a una fuente natural de campos electromagnéticos intensos, cabe plantear —al menos como hipótesis de trabajo— que dichos campos pudieran influir en su actividad cerebral, favoreciendo estados alterados de conciencia, distorsiones perceptivas o experiencias visionarias. En tales circunstancias, un fenómeno luminoso real podría combinarse con una interpretación subjetiva extraordinaria, dando lugar a relatos de encuentros con entidades, humanoides o naves de origen desconocido.

BALLESTER OLMOS Y JOAN PLANA (C.E.I. de Barcelona, 1993)

Naturalmente, esta explicación no pretende resolver toda la casuística ovni ni reducirla a un único mecanismo. Los informes de observación constituyen un conjunto extremadamente heterogéneo en el que confluyen fenómenos de naturaleza muy diversa. Ballester recalca muy bien esto en su libro. Sin embargo, creo que las investigaciones sobre la influencia de los campos electromagnéticos en la percepción humana ofrecen una vía de estudio interdisciplinar muy prometedora. La colaboración entre neurociencia, geofísica, psicología cognitiva, parapsicología y ufología podría ayudar a comprender mejor por qué determinados lugares parecen concentrar un número inusualmente elevado de experiencias anómalas y hasta qué punto el entorno físico puede desempeñar un papel en la génesis de algunos de estos relatos.

V.-J. BALLESTER OLMOS, CLAUDIA M. MOCTEZUMA Y MOISÉS GARRIDO (Valencia, 23-02-24)

Lo cierto es que cuando desplazamos el foco desde el objeto percibido hacia el sujeto que percibe, empiezan a emerger paralelismos difíciles de ignorar. En los relatos de encuentros con ovnis, apariciones, experiencias místicas, episodios de “rapto”, visiones religiosas o contactos con entidades se repiten una y otra vez determinados rasgos: estados alterados de conciencia, intensa sensación de realidad, distorsiones temporales, inmovilidad corporal, emociones extremas y recuerdos muy vívidos. Aunque la interpretación que cada testigo hace de lo sucedido depende de su contexto cultural y de sus creencias, los mecanismos cognitivos y neurobiológicos que subyacen a estas experiencias podrían ser, al menos en parte, comunes. Es lo que pienso. Por eso llevo décadas defendiendo que el verdadero epicentro de estos fenómenos se encuentra en la mente humana. Antes de preguntarnos qué es la entidad, deberíamos tratar de comprender cómo el cerebro es capaz de generar experiencias de una intensidad, una coherencia y una verosimilitud tan extraordinarias. Solo entonces estaremos en condiciones de abordar con verdadero rigor el enigma que representan.

CARLOS GONZÁLEZ, BALLESTER OLMOS, JAIME SERVERA, J. A. FERNÁNDEZ PERIS, GUSTAVO DOMÉNECH,
CLAUDIA M. MOCTEZUMA Y MOISÉS GARRIDO (Valencia, 23-02-24)

Conviene, además, desterrar un prejuicio muy extendido: no siempre quienes protagonizan estas experiencias inventan deliberadamente sus historias. La inmensa mayoría las vive como acontecimientos muy perturbadores. Buscan ayuda, intentan encontrar una explicación y, sobre todo, tratan de comprender qué les ha ocurrido. Con frecuencia pagan un precio muy alto por ello. Y no obtienen beneficios económicos. Más bien al contrario, pues algunos llegan a perder su trabajo. Son objeto de burlas, descrédito y estigmatización social. Sus relaciones familiares se resienten, y no son pocos los que terminan siendo abandonados por sus parejas o alejándose de sus amigos.

MOISÉS GARRIDO, CLAUDIA M. MOCTEZUMA, JUAN PABLO GONZÁLEZ, JOSÉ JUAN MONTEJO, V.-J. BALLESTER OLMOS,
JAIME SERVERA, JUAN A. FERNÁNDEZ, LOLA VELASCO, GUSTAVO DOMÉNECH Y JORDI ARDANUY (Valencia, 24-05-25)  

He conocido a personas que aseguran haber mantenido encuentros con entidades a lo largo de su vida. En algunos casos las he seguido durante años, reuniéndome muchas veces, lo que me ha permitido conocer de cerca el sufrimiento que estas experiencias les ocasionan. Puedo afirmar, sin exagerar, que no es una carga fácil de soportar. Independientemente de cuál sea el origen último del fenómeno (yo también descarto una realidad física), el impacto psicológico y emocional que produce en quienes lo viven es real. Por eso, conviene no despachar estos testimonios con excesiva ligereza, reduciéndolos sin más a simples fraudes o invenciones. Corresponderá a los neurobiólogos esclarecer qué mecanismos cerebrales intervienen en la génesis de estas experiencias visionarias espontáneas que vienen protagonizando determinados individuos desde los albores de la humanidad.

En el sentido de las agujas del reloj: BALLESTER OLMOS, JAVIER CAVANILLES, LUIS R. GONZÁLEZ, DIEGO ZÚÑIGA,
JUAN A. FERNÁNDEZ, PABLO VERGEL, JOSÉ A. TENZA, JAIME SERVERA Y JUAN P. GONZÁLEZ (Valencia, 29-12-25)

He de confesar que, aunque comparto la mirada escéptica de Ballester, el fenómeno ovni sigue invitándome, de algún modo, a explorar los límites del conocimiento, de la percepción y de la propia noción de realidad. También suscita en mí algunas preguntas de naturaleza filosófica: ¿Participa la conciencia individual de una realidad más amplia que aún no comprendemos o, por el contrario, proyecta sobre el mundo sus propios símbolos? ¿Existen niveles de realidad que escapan a nuestras categorías habituales? Ya advertía el ufólogo Dennis Stillings que “las especulaciones sobre el fenómeno ovni nos recuerdan a las disquisiciones tradicionales sobre la naturaleza de la realidad en sí misma y su relación con el hombre”. Y es que, en el fondo, ignoramos si lo real se agota en lo que podemos verificar a nivel físico.

TRES MONOGRAFÍAS DE BALLESTER OLMOS

Dicho lo cual, y a modo de conclusión, considero que nos encontramos ante un ensayo excepcional, de lectura obligada para cualquiera que se acerque con verdadero interés al fenómeno ovni. Tengo claro que la mayor aportación de este libro es recordarnos que la búsqueda de la verdad exige someter todas nuestras convicciones al escrutinio de las pruebas. “Desde siempre he cultivado el espíritu crítico”, confiesa el autor. Esa ha sido, sin duda alguna, la gran lección que nos ha legado este veterano ufólogo, a quien felicitamos por esta magna obra.

Finalmente, deseo expresar mi más sincero agradecimiento a Vicente-Juan por las generosas palabras que dedica en su libro a Claudia y a mí, en reconocimiento a nuestra labor al frente del Proyecto Paradig+ XXI. Para ambos supone un verdadero honor recibir ese respaldo. Quisiera felicitar también a su editor, Pablo Vergel, por la valentía de apostar por la publicación de una obra tan voluminosa dededicada a la ufología racional pura y dura, un género que, conviene reconocer, dista mucho de ser comercial.


(Por Moisés)

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