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miércoles, 7 de septiembre de 2016

EN MIS RATOS LIBROS (XV): "CEREBRO Y TRASCENDENCIA" (Ramón María Nogués)

"Entiendo la trascendencia como una dimensión que nos penetra por todas partes. Quiero dejar claro desde el inicio que, aunque la noción incluye la trascendencia religiosa, no se reduce exclusivamente a ella. La trascendencia es una forma peculiar de conocimiento y de expresión compleja, abierta, que configura nuestra originalidad mental y resulta imprescindible para coronar 'desde arriba' las otras formas más funcionales del saber", explica Ramón María Nogués en la introducción de su ensayo Cerebro y trascendencia (Fragmenta, 2013). Para el autor, la pasión amorosa, la ética, la estética... también son cuestiones trascendentes. Puntualización más que necesaria antes de acometer una obra como la que vamos a reseñar, de importancia capital por los sugerentes temas abordados. Nogués es catedrático emérito de antropología biológica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha realizado estudios de pedagogía, filosofía y teología. Asimismo, ha colaborado en equipos interdisciplinares de neuropsiquiatría. Es escolapio desde 1955 y presbítero desde 1961. Una de sus especialidades es la neurobiología de la religiosidad (véase su excelente obra Dioses, creencias y neuronas, publicada en 2011 también por Fragmenta).

En el primer capítulo, El organismo, el cerebro y la mente, Nogués reconoce que la palabra mente es un término poco preciso. Decir únicamente que es una capacidad atribuible al cerebro o que es el resultado de un proceso evolutivo ciego sería quedarnos demasiado cortos, máxime siendo tan complejas las funciones mentales, hasta el punto de que considera necesario, en su opinión, formular una nueva filosofía de la mente. "Uno puede suponer que la vida acaba por manifestarse en procesos mentales y conscientes de una forma similar a como la materia acaba exhibiendo vida, pero ni los átomos explican con su naturaleza la vida ni las neuronas la mente o la conciencia", sostiene. En ese sentido, se une a quienes, como el premio Nobel de Medicina Gerald M. Edelman, consideran que seguir los procesos neurales que dan lugar a la conciencia no permite identificar sin más la estructura neural y la conciencia.  

Nogués reconoce que todo el mundo neurobiológico moderno se orienta hacia el monismo, no habiendo lugar apenas para el dualismo platónico o cartesiano, salvo honrosas excepciones, como el premio Nobel de Medicina John C. Eccles, dualista de convicción. "La comprobación experimental que aporta la neurociencia de la total correspondencia entre las funciones mentales y las estructuras cerebrales ha dirigido el pensamiento moderno a manifestar su convicción por la unidad cerebro-mente, de tal manera que la mente se considera la función del cerebro", manifiesta. Cierto es que no podemos ignorar la importancia que supone la psiconeurobiología, ya que explica algunos aspectos de la conciencia y del yo que resultan válidos, aunque hemos de admitir también que la ciencia moderna "no puede pretender agotar todo el análisis y la comprensión de la realidad". De hecho, la propia neurología es incapaz de identificar cualquier proceso concreto que pueda explicar satisfactoriamente la conciencia reflexiva. De ahí que muchos neurólogos actuales estén acercándose con mayor interés hacia los aspectos inconscientes de la mente. Un ejemplo sería el neurólogo Eric Kandel, que intenta establecer lazos entre la neurología y el psicoanálisis. Como bien señala Nogués, "la ignorada, temida y a menudo menospreciada presencia del inconsciente convierte nuestra vida mental en un mundo lleno de enigmas con una pequeña parte emergida menor —como en el caso de los icebergs— y, por lo tanto, con una capacidad explicativa del conjunto de la vida mental insignificante debido al desconocimiento de las raíces que lo sustentan".

En su obra, hace mucho hincapié en la importancia de la trascendencia. Y para él, como ya hemos dejado entrever anteriormente, trascender significa ir más allá de la realidad inmediata y, concretamente, de las necesidades estrictas. "Cuando el cerebro humano deja de preocuparse por lo imprescindible, piensa en sí mismo, reflexiona", subraya. Así pues, indica que la trascendencia es la capacidad de explorar, experimentar, expresar y proponer dimensiones y valores que están más allá o son más profundos que los conocimientos deducidos de las evidencias experimentales.

Otra cuestión que el autor considera esencial es la relación entre razón y emoción. En la actualidad, se están analizando las estructuras cerebrales que están implicadas directamente en la experiencia razón-emoción. "El juego mental más delicado es un inextricable complejo de razones y emociones, y es en este complejo donde se produce la enigmática búsqueda de la trascendencia que caracteriza en algunos momentos a la mayoría de las experiencias humanas", aduce. Lejos de lo que sostenían Platón, Kant y Descartes —los tres cometieron el grave error de separar razón y emoción—, hoy sabemos que las implicaciones emocionales están presentes en todo razonamiento. Incluso ya se está identificando esa relación con determinadas redes cerebrales halladas entre los grandes núcleos subcorticales y del córtex. Nogués tiene claro que "no existe percepción, ni memoria, ni razonamiento, ni acción instintiva, ni sentimiento ni decisión que puedan presentarse como un resultado limpio o puro no influenciable por las otras dimensiones mentales que conjuntamente constituyen el patrimonio concreto de la mente humana. La memoria y su consolidación, por ejemplo, dependen fuertemente de la emoción". Ni siquiera la ciencia está exenta de esa dimensión emocional. Ahí tenemos, por ejemplo, la intuición, que siempre ha cumplido un papel destacado en los descubrimientos científicos, y que podría estar relacionada con eso que el neurólogo Antonio Damasio llama marcador somático, una especie de proceso subliminal e inconsciente que, usando recursos de la razón, la memoria y las emociones, nos orienta a la hora de tomar decisiones.  

Nogués sugiere, en definitiva, que cuando hablamos de lo trascendente nos estamos refiriendo a una realidad que se halla fuera de los parámetros espaciales y temporales en los que nos manejamos. "Lo trascendente no se encuentra ni 'más acá' ni 'más allá'; simplemente no está en ninguna parte. Se trata de un estado sin lugar. Tampoco es necesario situarlo ni en el fin ni en el comienzo de nada, ya que no dispone de una pervivencia condicionada por el tiempo", concluye. Aborda, como no podía ser de otro modo, la siempre compleja y controvertida cuestión de Dios y su relación con la trascendencia, ya que ésta suele configurarse hacia dimensiones religiosas y espirituales.

Sin duda, estamos ante una obra muy esclarecedora, escrita con gran dominio de los temas expuestos, todos abordados desde la reflexión profunda y calmada. Es un acierto, pues, que la prestigiosa editorial Fragmenta apueste por libros de este calado intelectual, que resultan tan valiosos para quienes nos gusta ahondar en los misterios que encierra la mente humana, la parte más trascendente —nunca mejor dicho— de nuestro ser.



RAMÓN MARÍA NOGUÉS (Foto: www.ara.cat)

(Por Moisés)

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