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jueves, 13 de agosto de 2026

VIMOS EL ECLIPSE... ¡POR LOS PELOS!

No podíamos perdernos un acontecimiento astronómico de semejante magnitud. Hacía más de un siglo que no se producía un eclipse total de Sol visible desde la península ibérica. El último había sido el 30 de agosto de 1905. Fue conocido como "el eclipse español", por la importancia que tuvo nuestro país en su observación. Por cierto, yo había visto otros dos eclipses solares: el del 30 de mayo de 1984, que fue anular, y el del 11 de agosto de 1999, que fue total. Sin embargo, desde Huelva, mi tierra natal, ambos se contemplaron como eclipses parciales. En el primero, la Luna llegó a ocultar aproximadamente el 80% del disco solar; en el segundo, alrededor del 54%. Así que el eclipse de ayer era mucho más especial para mí. Desde nuestro pueblo, en la provincia de Alicante, se podía contemplar una ocultación del 99%. No era un eclipse total, pero casi. 

Llevábamos semanas expectantes, preparando todo para este momento histórico. Anteayer, justo veinticuatro horas antes del eclipse, Claudia y yo subimos a la azotea del bloque para hacer varias pruebas fotográficas con el nuevo filtro solar que habíamos adquirido para nuestra cámara Nikon P950. Todo salió perfecto. Conseguimos unas fotografías estupendas. Además, gozamos de un amplio campo abierto frente a nosotros, con unas montañas lejanas hacia el oeste. Un escenario magnífico para contemplar el eclipse, que además iba a producirse muy cerca del horizonte. La tarde del 11 no había una sola nube. Esperábamos tener la misma suerte al día siguiente. Por fin, ayer tarde, subimos con la cámara de fotos y las correspondientes gafas homologadas para observar eclipses alrededor de las siete de la tarde. Estábamos solos en la azotea. Y, desde el primer momento, no nos gustaron demasiado las nubes que empezaban a aparecer. No eran muy densas, pero constituían una amenaza evidente. Aun así, podíamos ver perfectamente el disco solar a través de las gafas de eclipse, y las primeras fotografías que hice salieron muy bien después de reajustar algunos parámetros de la cámara. Pero las nubes fueron ganando densidad, especialmente hacia el oeste, justo en la dirección en la que se encontraba el Sol. A las 19:20, el Sol dejó de verse por completo y un cielo gris dominó toda la zona. La decepción hizo mella en nosotros. Poco después comenzaron a subir varios vecinos, también equipados con su gafas para contemplar el eclipse. Y se llevaron la misma decepción. No había nada que hacer. Solo podíamos esperar. 

Llegó la hora prevista para el comienzo del eclipse, alrededor de las 19:40, y con ese panorama transcurrió la siguiente hora. No podíamos ver el Sol, pero sí comenzamos a percibir que algo extraordinario estaba ocurriendo. La luz fue disminuyendo de forma progresiva y la temperatura descendió de manera perceptible. A las 20:35 llegó el momento de máxima ocultación. En nuestro pueblo, la Luna llegó a cubrir el 99% del disco solar, como señalé antes, aunque las nubes nos impidieron contemplar directamente ese instante tan esperado. Todo se volvió mucho más oscuro. Y entonces ocurrió algo habitual en los eclipses solares, aunque no deja de ser llamativo: el comportamiento de los animales comenzó a cambiar. Los gatos de la colonia que tenemos enfrente de casa alteraron su conducta y también percibimos cambios en las aves. Incluso escuchamos el canto de los grillos. Era una sensación fantástica. A lo lejos, entre las nubes, vimos aparecer un reflejo insólito, entre plateado y ocre, que iluminaba el lejano paisaje montañoso y le confería un aspecto irreal. Parecía un entorno de otro mundo. Estábamos maravillados. Y, de pronto, cuando menos lo esperábamos, hacia las 20:57, apareció el Sol entre las nubes. Era ya la parte final del eclipse, cuando la Luna comenzaba a abandonar la brillante esfera solar. Y aquella aparición fugaz fue preciosa. Nervioso por intentar inmortalizar el momento, hice varias fotografías como pude, antes de que el astro rey se escondiera tras las montañas. Fueron apenas unos breves minutos de tregua, pero resultaron emocionantes. Realmente mágicos. 

No pudimos contemplar el eclipse en todo su esplendor, como habíamos soñado durante semanas. Pero quizá por eso, aquellos pocos instantes en los que el Sol consiguió abrirse paso entre las nubes adquirieron un valor especial. Después de tanta espera e incertidumbre, aquella fugaz aparición fue nuestro pequeño premio. 

Y, por otro lado, hay otra cosa que nos ha emocionado: la enorme cobertura que los medios de comunicación han dedicado al eclipse. Acostumbrados a que los informativos y buena parte de los programas de televisión hablen hasta la saciedad de política y de fútbol, es de celebrar que durante estos días hayan dedicado tanto espacio, e incluso programas especiales, a un fenómeno astronómico de semejante importancia científica. Y la prensa escrita igual, dedicando grandes titulares al evento. 

Eso sí, también ha habido quien ha manifestado estar harto de tanta información sobre el eclipse. Seguramente a esas mismas personas no les molesta que se hable a diario, durante horas y horas, de política y de fútbol. Por unos días que se hable de otra cosa, de algo tan fascinante, incluso desde un punto de vista sociológico, no pasa nada. Además, está muy bien que los jóvenes dejen de mirar por unos instantes la pantalla del teléfono móvil para disfrutar de un gran espectáculo celeste. También ha aparecido una legión de analfabetos afirmando que es una gilipollez y una pérdida de tiempo contemplar un eclipse, junto con los inevitables conspiranoicos asegurando que los gobernantes pretenden "aborregarnos" haciendo que miremos al cielo, o que podemos recibir quién sabe qué energías negativas por efecto del eclipse. En fin, recordemos lo que pasó durante la pandemia. La idiocracia está haciendo de las suyas en los tiempos que corren. 

Para quienes nos interesamos por la astronomía y la cosmología, en cambio, el día de ayer ha sido un auténtico disfrute. Y aunque las nubes deslucieron la observación del eclipse, gozamos un montón de esos breves minutos en los que pudimos contemplar semejante "visión celestial". Fueron suficientes para comprender, una vez más, por qué estos fenómenos siguen fascinándonos desde la más remota antigüedad. 

A continuación, comparto algunas de las fotografías que tuve la suerte de realizar. Dan una pequeña muestra de lo que pudimos ver, aunque, naturalmente, ninguna fotografía puede transmitir lo que sentimos en aquellos momentos. 

La próxima cita será el 2 de agosto de 2027. Intentaremos no perdernos el eclipse total de Sol que podrá contemplarse desde algunas zonas del sur de España. A ver si, en esa ocasión, tenemos más suerte y podemos observarlo y fotografiarlo en toda su plenitud, con el cielo completamente despejado. Después de lo vivido ayer, creo que ya tenemos claro que, cuando se trata de un eclipse, nunca hay que dar nada por hecho hasta el último segundo.




(Por Moisés)