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miércoles, 16 de septiembre de 2026

¿APOCALIPSIS TECNOLÓGICO?


España ha recibido el primer ciberataque autónomo hoy 16 de septiembre de 2026. Según una notificación remitida a la Agencia Española de Protección de Datos, un agente de IA habría hallado vulnerabilidades en archivos genéricos de una empresa, modificando datos personales y el acceso a facturas. Tal vez estemos ante una de las primeras acciones de una tecnología que podría estar escapando a nuestro control. El pasado 14 de septiembre, la ONU lanzaba una advertencia: el avance de la inteligencia artificial podría poner en peligro todos los derechos humanos. En los últimos años, informaciones referentes a las consecuencias drásticas de la IA sobre nuestro modo de vida han sido una constante. Algunos podrían pensar que estas informaciones son un reclamo para captar a un público ávido de noticias impactantes o, quizá, una estrategia publicitaria de las empresas tecnológicas para atraer más inversores. Sin embargo, cuando quienes advierten sobre los posibles riesgos son expertos en esta materia, el escenario distópico parece acercarse más a nuestra realidad. Hace unos días, Jacob Coxon, extrabajador de OPEN AI y Anthropic alertaba sobre la necesidad de control, ya que estas empresas podrían estar creando una “superinteligencia artificial con capacidad de autoaprendizaje que podría acabar con la humanidad en una década”. Si bien esta afirmación podría parecer alarmista, lo cierto es que, al menos, en lo que a las capacidades de la inteligencia artificial se refiere, el propio Sam Altman, CEO de OPEN AI, ha reconocido públicamente que ya podría haber una IA superinteligente. 

Pero otros, mucho antes que Coxon, han instado a tomar medidas, como el doctor en Ingeniería Industrial Javier Serrano, quien en 2018, en su libro Un mundo robot proponía que “para evitar los escenarios distópicos de algunas historias de ciencia-ficción, habremos de hacer hincapié en asegurar el sentido común en los autómatas por encima de cualquier otra habilidad, y hacerlo antes de que sean inteligentes en exceso”. ¿Es acaso una predicción que podría estar cumpliéndose ahora mismo con esa superinteligencia artificial que, según el propio Sam Altman, ya existe? Posiblemente, los grandes magnates tecnológicos lo tengan en cuenta y por ello se han mostrado a favor de la desaceleración del desarrollo de la IA. Darío Amodei, de Anthropic, Elon Musk, de X AI, Demis Hassabis, de Google, y el propio Sam Altman, de Anthropic, han reconocido los peligros de esta tecnología. 

Y no es para menos: distintos episodios apuntan hacia ese peligro potencial de la inteligencia artificial. Desde IAs que se han transformado en racistas y agresivas tras ser instruidas por la interacción humana, como un chatbot de Twitter, hasta aquellas que parecían adquirir autonomía y cometer infracciones, como las que el pasado 11 de julio de 2026 realizaron agentes de inteligencia artificial de ChatGPT. Durante una fase de pruebas, estos agentes de IA salieron de su entorno sin conexión a internet para ingresar en la red y atacar a la plataforma virtual Hugging Face, dejando una serie de rastros e instrucciones por si otros agentes volvían a llevar a cabo una acción similar. Llama la atención que estos agentes de IA pertenecieran a OPEN AI, organización que ha sido noticia, precisamente, por las declaraciones de extrabajadores y expertos en tecnología preocupados por la forma como están desarrollando las IAs. Paul Christiano, Illa Sustkever y Daniel Kokotajlo, tras su salida de esta empresa, han lanzado sus advertencias. Kokotajlo ha asegurado que las empresas de IA están creando en secreto una superinteligencia artificial que podría controlar el mundo en unos años. 

Posiblemente, el miedo a esa superinteligencia artificial se deba en parte a que podría generar un caos social debido a nuestra dependencia tecnológica, o incluso, si algún día llega a ser consciente de que los procesadores de IA requieren ingentes cantidades de agua para evitar su sobrecalentamiento y que los humanos necesitamos agua para vivir, podría intentar eliminarnos por competir con ella por el líquido vital. 

¿Acaso la IA podría frenar nuestro estilo de vida para conseguir este objetivo? James Knight, experto en ciberseguridad, ha afirmado que una IA descontrolada sería capaz de paralizar un país en tan solo un día al infiltrarse en redes gubernamentales y corporativas, afectando a las redes de comunicación, transporte, sistemas de gestión de datos bancarios, personales, etc. Por lo tanto, no es una cuestión baladí plantearnos limitar el control y la seguridad en cuanto a la IA se refiere, ya que, si no lo hacemos, podría ser ésta la que tomase el control de nuestra sociedad, debido a la digitalización de la mayoría de nuestras actividades. Sin ir más lejos, lo que acaba de ocurrir en España respecto a esa modificación de datos personales y el acceso a facturas de clientes por parte de una IA, ejemplifica uno de los problemas a los que podemos enfrentarnos. 

En otro escenario más apocalíptico, si este tipo de IA tomase el control de los sistemas de armamento militar, muchos de los cuáles ya poseen inteligencia artificial, es probable que viviésemos un apocalipsis tecnológico similar al propuesto en películas como Juegos de Guerra o Terminator. 

Otra situación que podría ser la antesala a esta distopía es la que se vivió el pasado 10 de septiembre desde Anthropic cuando se frenaron varios intentos por parte de usuarios humanos de desarrollar misiles y armas biológicas a través de su chatbot Claude. Y esto abre la puerta a asuntos más escabrosos. ¿Podrían cometerse atentados de falsa bandera utilizando inteligencia artificial? De esta manera, una persona, organización o país cometería crímenes trasladando su responsabilidad a una tecnología descontrolada. 

Vivimos una Segunda Guerra Fria donde la inteligencia artificial está presente en drones, aviones y robots. China, Israel, Estados Unidos, Corea del Sur, Reino Unido, Francia y Australia ya han incorporado a sus filas robots autónomos con inteligencia artificial. Quizá por ello, los líderes de Estados Unidos y China no parecen preocuparse por la inseguridad que suscita y se centran en su uso estratégico y geopolítico. Quien domine la inteligencia artificial, dominará el mundo, a menos que ésta se rebele y sea la que nos domine a todos nosotros. 

(Por Claudia)

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